Me preparaba para salir a trabajar aquella mañana, estaba todo casi listo, cuando de pronto sonó el teléfono de la casa..."SI, SI... ¿YA ESTA DESAUCIADO..?, NOSOTROS VAMOS A IR, AQUI ESTA DANIEL..." hablaba mi hermana. Ya era la hora de dar la cara y que el día llegado coincida con el peor momento de la vida de cualquiera, sentimientos encontrados, mas una realidad que afrontar.
Manuel llevaba meses aquí y estaba muy enfermo, vivía de la caridad de la familia de su hermana y de las consecuencias de sus propios errores.
Aquella familia lo cobijo, velo y estuvo con él hasta el último día de su vida, de nosotros era total hermetismo e indiferencia. ¿Porqué? no se...quizás no queríamos verlo, mucho menos, ya en agonía...
Esa mañana, teníamos movilidad disponible y en buen estado solo hacía falta un conductor y se me ocurrió que mi amigo Miguel sea quien nos traslade a despedirnos del ser que nos dio la vida. En el trayecto ayudo la espontaneidad de "toño" para con las conversaciones ya que era difícil predecir que nos deparaba la vida para aquel momento, yo no conocía a mi padre, quizás en algún momento tuve una imagen borrosa y otra lo haya confundido mas nunca lo vi, lleve toda mi vida la absurda mentira que lo tenia de viaje, envuelto en realidad en uno sin retorno.
Duros fueron los momentos por los cuales atraviesa un niño sin aquella imagen protectora y acogedora de un padre comprensivo y cariño, me lapidaba el alma cada vez que veía que a mis compañeros los recogían sus progenitores llenándolos de mimos y de infinidades de cosas.
Frías fueron las tardes sin que nadie me oriente a hacer las tareas...o sentir la ausencia de quien que me hable de futbol y de mujeres no sea papá.
Manuel no sé si te odio por estar más ausente que nunca o te extraño más que siempre, sabiéndote muerto.
Quizás por siempre vivas en mis líneas...y yo viviré reprochándote siempre que no fuiste ni serás lo que quisiera que hubieras sido algún día.
Manuel me hiciste más daño que nadie, marcando mi infancia, niñez y pubertad. Necesite de ti en mi adolescencia...pero ahora de adulto espero superar el trauma que me causo el vivir sin ti.
Quizás de apariencia nunca nos hiciste falta, mas siempre necesitábamos quien nos defienda y este al pendiente.
Quizás lo que diga pierda valor, si vería en realidad lo bendecido que fui al tener la madre que tengo...que me valió por padre y madre...hoy en día mi mejor amiga.
Doy gracias a Dios por no haber hecho de mi vida una calamidad y estar haciendo daño en tu nombre Manuel, yo crecí sin ti, pero eso no fue motivo para conducirme mal por la vida, felizmente tuve personas que me quisieron y están al pendiente mío.
No tengo la familia perfecta, pero yo no puedo vivir sin ellos...porque fueron quienes compartieron conmigo todos y cada uno de los días que decidiste alejarte.
Por aquellos cuentos que no contaste, por aquellas cometas que no hiciste para mi, por aquellos días en la playa que nunca llegaron...o por esas tardes de futbol en la sala que solo imagine.
Por aquellas conversaciones sobre la vida que me hubieran servido como pautas para sobrevivir en este mundo hostil.
A un año de tu muerte Manuel quiero recalcarte que te perdono y que me disculpes por reprocharte todo esto, pero tengo que escribir lo necesitaba...
Descansa en paz.
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